Llovía, llovía mucho. Hugo estaba colocando cosas en el almacén de la tienda mientras las gotas de lluvia desaparecían al impactar en los cristales. Eso le relajaba mucho.
De pronto, escuchó que alguien había abierto la puerta y había entrado en la tienda. Él, como cada vez que eso ocurre, se dirigió sonriente al mostrador y, sin levantar la mirada del suelo, saludó :
- Buenos días! en que puedo ayudarle?
Para su sorpresa, respondió una voz de mujer :
- Buenos días.
Aquella voz escondía algo, algo que a Hugo le atraía. Era un tono de voz triste, apagado, aparentemente acobardado. Era la voz de Mía Marvel.
martes, 21 de mayo de 2013
lunes, 20 de mayo de 2013
Para días grises, paraguas de colores (primera parte)
Hugo era un chico de 22 años, de pueblo, cuya vida nunca ha sido fácil. Alto, de pelo moreno, alborotado, ojos grandes y oscuros, casi negros, con unas pestañas extremadamente finas y largas.
Su día a día no era como el de cualquier joven de esa edad que estudia y sale con sus amigos a divertirse, sino que tenía que levantarse a las 5 de la madrugada para limpiar el establo, dar de comer a los animales, cepillar a los caballos y demás labores agrícolas, saliendo a trabajar 10 horas diarias en una pequeña tienda del pueblo. Su madre, una señora dócil y entrañable, sufría de una parálisis completa del cuerpo, por lo que trabajar era algo que ya había desaparecido de sus planes años atrás. Esto complicaba un poco más la delicada situación de Hugo. En cuanto a su padre.. es mejor no decir nada, puesto que les abandonó cuando Hugo tenía apenas 10 años y su madre sufrió aquel fatal accidente que la dejó inválida de por vida. En resumen, un monstruo sin sentimientos.
Su vida era difícil, pero él no perdía la sonrisa, y mantenía aquella frase que tanto le gustaba decir a todo aquel que intentaba hundirle : "Para días grises, paraguas de colores".
"Biiiip, biiiiip, biiiiip.." un lunes más, sonaba el despertador. Hugo, como cada día, se levantaba de la cama, se duchaba, se vestía y se dirigía a la cocina, dónde se untaba una tostada con mantequilla que acompañaba con un vaso de zumo. Ya desayunado y con las tareas rurales acabadas, llegó la hora de trabajar, sin imaginarse ni por un solo segundo, que aquel día, en aquel lugar y en aquel momento, sucedería algo que cambiaría su vida para siempre.
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