lunes, 12 de noviembre de 2012

Ver, oír y callar.

Las cosas no son siempre lo que parecen, pues oro no es todo lo que reluce.

Personas que te regalan los oídos cada día, que te dicen lo bonita, lo guapa y lo preciosa que eres ; aquellos que te cuentan que darían su vida por la tuya, que eres lo más maravilloso que ha aparecido en su camino. 
"Te quiero y pasaré toda mi vida contigo."  Mentira y todo mentira.  Esos son los peores.  Pasan días, meses e incluso años en los que te ilusionas como una niña pequeña el día de Reyes, y él sigue ahí, mirándote a los ojos y mintiendo, con sangre fría.

Hasta que un día llega esa tarde en la que todos esos recuerdos se caen por las escaleras, todas esas palabras se cuelan por el fregadero y acaban en las más profundas de las alcantarillas.  En ese momento, solo piensas en morirte, en desaparecer y no volver a levantarte de la cama. Y, a partir de ahí, es cuando comprendes que en esta vida, no puedes confiar ni en tu propia sombra.

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